Guía de Cracovia
500 años de ciudad real, y se nota: una de las mayores plazas medievales de Europa con la Lonja de los Paños en medio, la colina de Wawel con castillo y tumbas reales sobre el Vístula y alrededor el cinturón verde del Planty. Kazimierz: sinagogas de día, bares de noche. Dos rutas de un día listas se lo reparten.
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Rutas listas desde la estación te guían por Cracovia: a los mejores rincones desde el primer paso, sin planear nada.
Casco antiguo y Wawel
El primer día sigue la vieja Ruta Real: desde la Puerta de San Florián, la última puerta de la muralla que queda, cruzando la enorme plaza mayor con la Lonja de los Paños y la basílica de Santa María, y bajando luego por Grodzka hasta la colina de Wawel con su castillo y su catedral. Todo a pie y todo muy junto.
- Puerta de San Florián (Brama Floriańska) – El día empieza en la Puerta de San Florián, la única de las ocho puertas originales que sobrevivió a los derribos del siglo XIX. Cuando tiraron las fortificaciones para trazar el cinturón verde de los Planty, este tramo de muralla y la barbacana se quedaron en pie, según se cuenta porque temían las corrientes de aire en la ciudad. Aquí arranca la Ruta Real, el camino que seguían los reyes polacos hacia su coronación en Wawel. En el muro exterior cuelga hoy una galería al aire libre de pintores locales, kitsch pero simpática.
- Rynek Główny (plaza del Mercado) – Con unos 200 por 200 metros, el Rynek Główny es una de las mayores plazas medievales de Europa, trazada en 1257 tras las invasiones mongolas y prácticamente intacta desde entonces. En el centro está la Lonja de los Paños y alrededor casas burguesas, iglesias y la torre solitaria del ayuntamiento, cuyo edificio se derribó en el siglo XIX. Bajo el empedrado hay un museo montado sobre los cimientos excavados de los puestos medievales. La plaza está mejor a primera hora, antes de que la llenen los coches de caballos, las floristas y los grupos.
- Basílica de Santa María – La basílica de Santa María, con sus dos torres desiguales, es el símbolo de la ciudad, y dentro una bóveda azul intenso llena de estrellas calma el ambiente al instante. Su joya es el retablo de Veit Stoss, tallado entre 1477 y 1489, de más de doce metros y uno de los más importantes del gótico tardío. Cada hora en punto un trompetista toca el Hejnał desde la torre alta hacia los cuatro puntos cardinales, y lo corta en seco a media nota, en recuerdo de un vigía al que, según la leyenda, alcanzó una flecha. Los visitantes entran por el lateral; la puerta principal es para quienes rezan. Por cierto, a pocos minutos hacia el borde del casco antiguo llegas a los Planty, el anillo verde trazado donde estuvo la muralla: perfecto para un respiro a la sombra entre parada y parada.
- Lonja de los Paños (MNK Sukiennice) – La Lonja de los Paños ocupa el centro del mercado desde el siglo XIV y fue la sala de comercio de telas, especias y sal. Abajo hay hoy puestos de ámbar, cajas de madera y recuerdos; arriba, la galería de pintura polaca del siglo XIX, sede del Museo Nacional. Allí cuelgan los grandes cuadros históricos de Jan Matejko y los paisajes atmosféricos de Chełmoński, pintura que en Polonia conoce todo el mundo y que fuera casi nadie ha visto. Calcula cerca de una hora, y ojo: los lunes la galería cierra.
- Castillo de Wawel – Sobre el peñasco calizo del Vístula se alza Wawel, para los polacos el lugar más importante del país: sede de los reyes durante 500 años, después cuartel de los ocupantes y hoy museo y símbolo nacional. El patio renacentista con sus tres pisos de arcadas es de acceso libre; para los aposentos reales, el tesoro de la corona y la armería necesitas una entrada distinta para cada uno. Los famosos tapices flamencos que el rey Segismundo Augusto encargó en Bruselas salieron del país dos veces y las dos volvieron. En verano las franjas horarias vuelan, así que reserva antes y elige dos exposiciones en vez de todas.
- Catedral de Wawel – Junto al castillo está la catedral, donde durante más de 400 años se coronó y se enterró a los reyes polacos. El interior es una mezcla de gótico, renacimiento y barroco, porque cada época añadió su capilla; la más llamativa es la cúpula dorada de la capilla de Segismundo. En la cripta descansan, además de los reyes, héroes nacionales como Kościuszko y Piłsudski. Si subes las escaleras llegas a la campana de Segismundo, de 1520, que solo suena en las grandes fiestas y necesita doce campaneros. Desde allí tienes además la mejor vista sobre los tejados del casco antiguo.
Kazimierz y Podgórze
El segundo día baja al sur del casco antiguo por Kazimierz, el viejo barrio judío de sinagogas y mercadillos, cruza la pasarela Bernatek a la otra orilla del Vístula hasta Podgórze y la plaza de los Héroes del Gueto, y termina en la Fábrica de Schindler. Un día más tranquilo que el primero, pero bastante más duro.
- Szeroka (Kazimierz) – Kazimierz fue durante siglos una ciudad aparte y después el corazón de la vida judía de Cracovia. La Szeroka es más una plaza alargada que una calle, rodeada de casas bajas y antiguas, y en ella hay varias sinagogas: la Vieja Sinagoga, hoy museo, y la sinagoga Remuh con su cementerio renacentista detrás, cuyas lápidas se recompusieron a partir de escombros tras la guerra. Después de 1945 el barrio quedó abandonado durante décadas y no se redescubrió hasta los noventa. Dedica tiempo a las callejas laterales, ahí queda mucho original, con rótulos de tienda incluidos.
- Pasarela Bernatek – Desde 2010 la pasarela Bernatek une Kazimierz con Podgórze y es la forma más tranquila de cruzar el Vístula. Por encima de la barandilla flotan figuras de acróbatas del escultor Jerzy Kędziora, que giran suavemente con el viento: equilibrios en bronce sin sujeción visible. De la propia barandilla cuelgan miles de candados del amor. Desde el centro del puente ves Wawel río arriba y, río abajo, los nuevos paseos ribereños donde en verano atracan barcos convertidos en bares.
- Plaza de los Héroes del Gueto – En esta plaza hay 70 sillas vacías de bronce y hierro fundido, repartidas por el suelo como muebles abandonados. Aquí estaba la plaza central del gueto de Podgórze, creado en 1941, y desde aquí se llevaba a la gente a los trenes hacia los campos, dejando sus pertenencias en la calle. El monumento de 2005 recoge exactamente esa imagen. En la esquina está la Farmacia Bajo el Águila, cuyo dueño polaco, Tadeusz Pankiewicz, fue el único al que se permitió quedarse en el gueto y ayudó en lo que pudo; hoy es un pequeño museo. Un sitio para detenerse, no para hacer fotos.
- Fábrica de Schindler – La antigua fábrica de esmaltes de Oskar Schindler alberga hoy un museo sobre Cracovia bajo la ocupación alemana de 1939 a 1945. El montaje es muy denso: calles reconstruidas, un salón, un tranvía, grabaciones de audio y objetos personales, además de mucho texto en las paredes. Aviso honesto: se habla menos de Schindler de lo que sugiere el nombre - su despacho es solo una sala entre muchas - y más de la vida de la ciudad y de su población judía en aquellos años. Calcula al menos hora y media y reserva pronto la entrada con hora: los pases suelen agotarse con días de antelación.
Llegar y moverte
En Cracovia llegas a casi todo a pie: el casco antiguo es peatonal y el cinturón verde de los Planty hace los trayectos agradables. Para distancias mayores tienes una red densa de tranvías y autobuses de MPK; los billetes se compran en la máquina del vehículo o en la app, con billetes por tiempo desde 20 minutos. Importante: la basílica de Santa María, Wawel y sobre todo la Fábrica de Schindler funcionan con entrada horaria - resérvala antes o te encontrarás todo agotado. Y en verano la plaza mayor se llena de verdad a partir de media mañana, así que madrugar compensa.
Salir y vida nocturna
Bares en azoteas
- Roof Top Terrace (Powiśle) – Una terraza en alto sobre el Vístula, frente a Wawel: ves el castillo, las curvas del río y los puentes, y cuando el sol se pone detrás la escena se vuelve deliciosamente cursi. Las copas y la carta corta están bien, pero vienes por las vistas. Aviso honesto: solo las mesas junto a la barandilla tienen la panorámica completa, el resto de la terraza son sofás sin vista.
Zonas de marcha
- Kazimierz (Plac Nowy) – Al caer la noche el viejo barrio judío se convierte en la zona de copas de Cracovia, y sigue siendo refrescantemente sencilla: bares de sótano con sofás hundidos, música en directo en los patios, precios de estudiante. El centro es la Plac Nowy con su mercado redondo, de cuyas ventanillas media ciudad saca de madrugada zapiekanki, medios baguettes gratinados con de todo. No hace falta plan, ve de puerta en puerta.
Comer y restaurantes
- Pod Aniołami – Cocina polaca en un sótano abovedado medieval de la calle Grodzka, con parrilla de leña de haya: lo hueles ya en la escalera. La carta va a los clásicos: pato, jabalí, pierogi y sopas contundentes servidas en pan. Algo turístico, pero la calidad aguanta y el sótano es de verdad así de antiguo. Reserva para la noche, las mesas vuelan.
Bares y clubs
- Mercy Brown – Un speakeasy en un sótano abovedado y sin carta impresa: dices qué te apetece y el barman te lo monta. Además, jazz en directo y burlesque algunas noches, todo en poco espacio, con mucho terciopelo y velas. La sala es pequeña, así que reserva: presentarse sin más rara vez funciona.
Escenario y conciertos
- Teatr im. Juliusza Słowackiego – Un edificio neobarroco de 1893, inspirado en la Ópera de París y colocado al borde del casco antiguo de forma que de noche, iluminado, parece una tarta. En cartel, teatro y ópera, casi siempre en polaco: para la ópera no es problema, para el teatro hablado sí. Si pasas de la entrada, la fachada iluminada vista desde la Plac św. Ducha ya merece el rodeo.
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