Guía de Bilbao
Bilbao es la ciudad que se reinventó a sí misma: de los astilleros y el acero pasó al titanio y al arte. Rutas listas desde el metro Casco Viejo te llevan por las siete calles del casco antiguo, junto a la ría hasta el Guggenheim y arriba a Artxanda en funicular, sin planear nada.
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Rutas listas desde la estación te guían por Bilbao: a los mejores rincones desde el primer paso, sin planear nada.
Casco Viejo, Guggenheim y Artxanda
Del metro Casco Viejo por las Siete Calles a la Plaza Nueva y luego al Mercado de la Ribera. Después, junto a la ría hasta el puente blanco Zubizuri de Calatrava, al Guggenheim con las olas de titanio de Gehry y el perro de flores Puppy en la entrada. Para acabar, funicular a Artxanda, con toda la ciudad a tus pies.
- Casco Viejo – El casco viejo de Bilbao es una maraña de siete calles, las Siete Calles: aquí empezó la ciudad en 1300. Entre la catedral de Santiago y la ría se suceden bares de pintxos, sombrererías de siempre y tiendas de telas. Lo mejor es echar a andar sin rumbo fijo y meterse donde haya gente. Por la mañana está tranquilo; a partir de media tarde cada barra es un mostrador lleno de pintxos.
- Plaza Nueva – Esta plaza porticada y sobria del siglo XIX es el salón del casco viejo: arcos todo alrededor y, debajo, bares de pintxos uno tras otro. Los domingos por la mañana los puestos sacan libros, sellos, discos y todo tipo de baratijas. Bajo los soportales no te mojas aunque llueva, y en Bilbao eso cuenta. En uno de los edificios tiene su sede la Real Academia de la Lengua Vasca.
- Mercado de la Ribera – El mercado junto a la ría se levantó en 1929 y, con unos 10.000 metros cuadrados, es uno de los mayores mercados cubiertos de Europa. Por fuera parece un barco atracado; por dentro, la luz entra por grandes vidrieras y cae sobre los puestos. Abajo se compra pescado, verdura y bacalao; arriba hay pintxos, cerveza y txakoli. Buena parada antes de seguir junto a la ría.
- Zubizuri – Santiago Calatrava tendió esta pasarela blanca sobre la ría en 1997: zubizuri significa, sin más, puente blanco en euskera. El arco curvo con su abanico de cables es la foto que todo el mundo se lleva. Ojo cuando llueve: el suelo de cristal resbala muchísimo, por eso ahora lleva un revestimiento encima. Desde el puente ya se ve brillar el Guggenheim río arriba.
- Museo Guggenheim – El Guggenheim es la razón por la que hoy se habla de Bilbao en todo el mundo. El edificio de Frank Gehry, con sus placas curvas de titanio, abrió en 1997 y le dio la vuelta a la imagen de una ciudad de astilleros y acero: desde entonces se habla del efecto Bilbao. Solo dar la vuelta por fuera ya merece el viaje, porque el titanio cambia de color con la luz. Dentro está la sala de Richard Serra con las enormes espirales de acero por las que se camina. Los lunes suele cerrar, salvo en verano; mejor sacar la entrada con antelación.
- Puppy – Ante la entrada monta guardia Puppy, un west highland terrier de doce metros hecho de plantas en flor, obra de Jeff Koons. En principio solo iba a estar para la inauguración, pero luego la ciudad se negó a devolverlo. Dos veces al año lo replantan entero, así que cambia de color según la temporada. La mejor foto es de frente desde abajo, con el edificio de titanio detrás.
- Museo de Bellas Artes – Opcional: si aún te queda tiempo y ganas de arte, sigue 500 metros por el parque hasta el Museo de Bellas Artes. La colección va de la Edad Media a la actualidad, con El Greco, Goya, Zurbarán y buena representación vasca. Es mucho más tranquilo que el Guggenheim y rara vez se llena. Por la gran reforma hay salas cerradas a temporadas, y los martes cierra entero. Consejo: Justo delante del museo está el Parque de Doña Casilda, que los bilbaínos llaman el Parque de los Patos, con estanque y pérgola florida, perfecto para una pausa.
- Funicular de Artxanda – Desde el pie del monte, un funicular de 1915 te sube en tres minutos a Artxanda. Arriba hay un parque con terrazas, un par de sidrerías y la vista que te llevarás de Bilbao: el meandro de la ría, el casco viejo y el Guggenheim como una mancha plateada en medio. Lo mejor es poco antes del atardecer, cuando la ciudad se pone cálida a tus pies. Se baja en el mismo funicular; de la estación baja son diez minutos a pie hasta el metro Casco Viejo.
Llegar y moverte
En Bilbao te mueves con el metro (líneas 1, 2 y 3), el tranvía de Euskotren (línea A) junto a la ría y los autobuses de Bilbobus y Bizkaibus. Lo más barato es la tarjeta recargable Barik; si no, hay billetes sueltos en las máquinas. Del aeropuerto, el Bizkaibus A3247 sale cada 15 o 20 minutos de día y llega al centro en unos 25 min. El centro es compacto y casi todo queda a 20 minutos a pie. Se paga en euros y con tarjeta casi siempre. Y en el txikiteo la norma es una barra, un pintxo, un vaso, y a la siguiente.
Salir y vida nocturna
Bares en azoteas
- The Rooftop by The Artist – Azotea con vista directa al Guggenheim, carta corta y buenos vinos. Ve a la apertura, a las 16 h: así no hace falta reservar y pillas el mejor rincón junto a la barandilla.
Zonas de marcha
- Casco Viejo (Siete Calles) – Las siete calles del casco antiguo son de noche un txikiteo continuo: un pintxo y un vaso por barra, y a la siguiente. Entre la Plaza Nueva y la calle Somera hay bar tras bar, y se bebe en la calle porque dentro no cabe nadie. A partir de las 20 h se llena, y el jueves y el viernes es cuando más.
Comer y restaurantes
- Nerua – Restaurante con estrella dentro del propio Guggenheim, cocina vasca llevada al mínimo: cada plato reducido a dos o tres ingredientes. Aviso honesto: la sala es deliberadamente desnuda y muy luminosa, el ambiente no es su fuerte, pero el plato no hace concesiones. Reserva con antelación; el menú arranca sobre los 110 euros.
Bares y clubs
- Residence Café – Bar de whiskies en Abando, a un paso del Guggenheim, con una carta que da para rato. Hay música en directo a menudo, sobre todo blues, soul o rock, y los fines de semana aguanta hasta las 2:30. Nada de postureo: madera oscura y gente que sabe lo que pide.
Escenario y conciertos
- Teatro Arriaga – Edificio neobarroco de 1890 junto a la ría, con el nombre del compositor vasco Juan Crisóstomo de Arriaga. En cartel hay ópera, conciertos, danza y teatro en euskera, y de día se puede visitar con guía. El patio de butacas tiene buena pendiente, así que casi no hay malas localidades.
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